La aventura

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Me resultaba increíble pensar que allí podría estar yo llegando a nuestro destinó final después de 100kms recorridos por mis piernas y mis pies, mi corazón, mi voluntad y mi resistencia.  Finalmente aquello que había comenzado como un sueño y un “quizá podríamos” paso!

Fue así como nos armamos de bicicletas, sanduches, lecherías y bocadillos, un poco de valentía y salimos al amanecer, debo confesar que las únicas veces que mi cuerpo se levanta de manera voluntaria es cuando sabe que lo que viene es una aventura maravillosa y ese día desperté con el sonido de los pájaros, comenzó a aclarar el día me bañe y arranque. La cortada no podía ser mejor, el compañero del largo viaje, en su burrita y con su casco tipo skater, había cuadrado un odometro en cada bici y estábamos listos pedalear.

El plan estaba clarísimo: pedalear hasta Villa de Leyva, de oídas sabíamos los lugares por los que teníamos que pasar y el otro día habíamos estado pedaleando por los primeros 15kms así que sabíamos pa donde arrancar, la calentada eran 7kms en subida pero de hay para delante la misión era preguntar y así ir descubriendo el camino, pedaleandolo, meditándolo y sintiéndolo.

Después de pasar el pacto tan fácil me motive y sentí que podía lograrlo, sin embargo, subestimaba el camino, la entrada fue “papitas” comparado con lo que venía: culumpios de trochas interminables, subidas buenaaaaas, bajadas divertidas y laaaargas y sobre todo kilómetros.  Kilómetros que al final del día suman y cada subida y cada bajada cuenta.

Cuando estábamos en la mitad del camino y le metimos doping al cuerpo (un redbullcito caleto) pensaba en aquella frase célebre que dice ” más reversa tiene una cagada” y esperaba que el camino que nos faltaba fuera amable y que logramos terminar la ruta ese día, y es que por más pedaleador que uno sea a los 50kms le duele el culito, y fue allí como llegamos al Paramo del Rabanal (tranquilo cualquier subliminal con aquello del rabito no es pura coincidencia)  camino de unos 30kms en total que conduce de Guacheta a Raquira y es la más pura fotografía de la cultura cundiboyacense con subidas tendiditas y constantes culumpios arriba por varios kilómetros y no podia faltar una bajada divertida, bonito para meditar.

Llegamos a Raquira al final del día y sabíamos que nos restaban unos 30kms para llegar a cama así que me arme de valor, me comí la segunda paleta del día, tome el último aliento y arranque, con la motivación de Julito, cada uno con sus frontales, saquito puesto y en la dirección correcta. Oscureció y habíamos decidido tomar la carretera pavimentada así que los carros a toda velocidad serían nuestros compañeros de viaje, y bueno, el agua!

Prefiero no entrar en los detalles de la agonía de los últimos 15kms pero hubo drama en mi hasta el punto

de pensar que putas estaba haciendo allí sin embargo allí estábamos llegando a nuestra gran meta horas y kilómetros lejos de casa, victoriosos, cansados y confundidos, pero sobre todo muy felices y extasiados de haberlo logrado.

Hoy lo asimilo, lo recomiendo y entiendo la importancia de emprender grandes aventuras, asumirlas, recorrerlas, disfrutarlas y terminarlas para empezar otras, soñar alto y fuerte y hacer los sueños realidad.

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