Carta abierta al Presidente de la República de Colombia

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Señor Presidente,

Reciba un muy cordial saludo de mi parte, he decidido escribir estas lineas porque siento que es la única manera de exteriorizar un sentimiento de patria que me carcome y que el simple hecho de dejarlo salir me hará bien.

De antemano dejeme presentarme, soy colombiana, tengo 30 años, abogada de profesión de la Universidad Externado de Colombia, especialista en varias áreas, madre de una pequeña de 9 meses y esposa de un empresario trabajador y amante de su patria, aqui no somos “uribistas” o “santistas” o “conservadores” o “liberales” o cualquier otra cosa, de hecho hemos decidido no ser pero con acciones por ello en cada elección utilizamos la herramienta del voto en blanco.  No vemos televisión, no leemos ningún medio de comunicación “tradicional” o escuchamos señales “tradicionales” colombianas.

Hoy quiero hablarle del “proceso de paz con las FARC” y el sentimiento de tristeza profundo que me produce; desde que tengo uso de razón nuestro gobierno siempre esta negociando la paz y, según los medios, siempre estamos incursionando en una nueva era del país que nos llevará a algo mejor.  Lo que hizo Uribe con los paramilitares me pareció terrible y siempre tuvo la sensación de falsedad que hoy todos conocemos, pero lo que usted esta haciendo con las FARC me parece descarado y quiero explicarle porque.

No puede ser posible que “negociar la paz” sea un proceso que tome mas de 3 años, en donde los que “negocian” no están dispuestos a llegar a acuerdos que obviamente significarán dar o ceder algo -principio básico de la negociación-; en mi cabeza no cabe que durante 3 años hayan 12 o mas micos sentados en una mesa fuera del país, en la deliciosa Habana, llegando a acuerdos que uno a uno no son vinculantes o pueden no ser cumplidos hasta que no se llegue a una negociación integral; que en el país los de bota y casco se dan bala y se matan unos contra otros porque aún no se ha llegado a la paz; en donde las treguas se levantan acorde las provisiones de armas de contrabando lleguen o el presupuesto del gobierno les permita comprar nuevos juguetes y sea necesario probarlos; en donde los representantes de las partes toman “vacaciones” o “tiempos de meditación” sin que ello generé la menor controversia.

Para mi señor Presidente la paz se hace con actos y las palabras deben ser apenas el abreboca de los actos de paz.  Para mi la palabra vale y tiene un significado mil veces mas importante que un papel (y recuerde mi profesión) y no tiene coherencia que de palabra digan que la vida se respeta y la sangre sigue corriendo.  Para mi lo que están haciendo es ridículo y ahora que me tomo la molestia de googolear el “proceso de paz en Colombia” me parece aun mas ridículo ver, que tiene mas prensa la holandesa que esta allá y dice que duerme en el piso porque es guerrillera de corazón y ya se acostumbro a dormir en estera, que los puntos sobre los cuales se esta negociando o se ha llegado a acuerdo.

No quiero saber cuanto nos esta costando el proceso en dinero pero lo que sea -que debe ser absurdo- no es nada comparado con la ridiculez de seguir repitiendo nuestra historia sin ver que esta mal.  Mi generación, eso creo, es la generación del cambio y parte de nosotros es expresar lo que no nos parece correcto y hacer acciones positivas para generar un cambio positivo.

Espero su “proceso de paz” deje de ser PROCESO para convertirse en PAZ prontamente.

Cordialmente

Carolina Porras Espinel.

Colombiana.

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